Día 4: Lago Seván, Dilijan, Haghartsin y Goshavank
El cuarto día del viaje nos lleva al norte de Armenia, donde la naturaleza adquiere un papel central y se combina con la espiritualidad medieval en un paisaje de serenidad y profundo valor histórico.
La jornada comienza en el majestuoso lago Seván, uno de los mayores lagos de agua dulce del Cáucaso, situado a casi 2.000 metros de altitud. Sus aguas de azul intenso, rodeadas de montañas que se reflejan en su superficie, ofrecen un escenario sobrecogedor. En la península del lago se alza el monasterio de Sevanavank, fundado en el siglo IX por la princesa Mariam. Sus dos iglesias de piedra negra, asentadas sobre una colina con vistas panorámicas, transmiten una paz singular, ideal para la contemplación silenciosa.
Desde allí, la ruta continúa hacia Dilijan, conocida como la “Suiza armenia” por sus bosques frondosos, su aire puro y su atmósfera tranquila. Esta pequeña ciudad conserva el encanto de la Armenia rural, con casas tradicionales de madera, calles empedradas y talleres de artesanía que mantienen vivo el espíritu del pasado.
En los alrededores de Dilijan se visita el monasterio de Haghartsin, escondido entre los árboles como un secreto bien guardado. Fundado en el siglo XI, este complejo monástico se funde con el entorno natural, creando una armonía perfecta entre arquitectura y paisaje. Su iglesia principal, el refectorio y los relieves decorativos revelan el refinamiento artístico de la época y la profundidad espiritual de sus antiguos moradores.
Más adelante, el camino lleva a Goshavank, otro monasterio medieval que fue en su tiempo un importante centro de enseñanza y espiritualidad. Fundado por el erudito Mkhitar Gosh en el siglo XII, este lugar conserva una atmósfera de recogimiento y sabiduría. Sus khachkars —cruces talladas en piedra— son verdaderas obras de arte, y su antigua biblioteca fue una de las más relevantes del país.