Días 7-10: Bwindi
Por la mañana habrá tiempo para disfrutar de un último safari en Queen Elizabeth. Tras la comida, el viaje continúa hacia el suroeste y el horizonte cambia: colinas húmedas, brumas persistentes y la presencia creciente del Bosque Impenetrable de Bwindi, enclave que resume la esencia del Rift Albertino y donde se pernoctará dos noches. La carretera, entre aldeas y bancales cultivados, prepara para un cambio de escala: de la amplitud de la sabana a la intimidad del bosque nuboso, donde cada detalle —un helecho arborescente, una liana, un canto lejano— anuncia el territorio de los grandes simios.
La reserva se creó en 1942, pasó a ser Parque Nacional Bosque Impenetrable de Bwindi en 1992 y, dos años después, fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad. En la lengua local rukiga, Bwindi significa “impenetrable”, y el nombre no es casual: en sus 327 kilómetros cuadrados se extiende una vegetación espesa y continua, que cubre un paisaje de valles profundos, laderas húmedas y cimas estrechas azotadas por el viento.
Sus colinas, saturadas de clorofila, protegen uno de los bosques más antiguos de África —con más de 25.000 años— y el hábitat de cerca de la mitad de los gorilas de montaña del planeta. El día grande comienza temprano, con un briefing en las oficinas del parque y la asignación del grupo familiar que se rastreará. La dificultad de acceso, marcada por la densidad vegetal, el barro y las pendientes, ha favorecido que este enclave se haya convertido en el último refugio estable de la especie. La caminata, de exigencia variable según el terreno y los movimientos de los gorilas, ofrece una inmersión total en un ecosistema primario. Cuando llega el encuentro con la familia de gorilas, el tiempo parece detenerse: una hora de observación que permite apreciar gestos, jerarquías y miradas de una cercanía que conmueve.
El penúltimo día del viaje, un vuelo corto desde Kisoro devuelve al viajero a Entebbe para enlazar con el regreso internacional, llegando a España el día 10 del itinerario.