Descubre la China Milenaria
Pekín- Xian- Guilín- Shanghái
Descubre la China Milenaria
Pekín- Xian- Guilín- Shanghái
A destacar
- Experimenta el contraste geográfico y cultural de China, desde sus monumentos más emblemáticos hasta sus paisajes naturales más singulares, en un recorrido que revela la diversidad profunda del país.
- Explora la Ciudad Prohibida, obra maestra de la arquitectura imperial china y el palacio más grande del mundo. Entre templos, patios y jardines, se respira la sensibilidad estética de una época.
- Pasea por la imponente plaza de Tiananmen y descubre el Monumento a los Héroes del Pueblo y el Mausoleo de Mao Zedong, dos símbolos que condensan la memoria histórica de la China contemporánea.
- Contempla el ejército de terracota en Xian, la gran atracción de la ciudad: miles de figuras a tamaño natural de soldados, caballos y carros, enterrados en tres fosas monumentales. Un espectáculo de escala y detalle que impresiona.
- Navega por el río Li y contempla las colinas kársticas, los arrozales y las aldeas tradicionales que se asientan en sus orillas, en un recorrido que revela la belleza natural del sur de China.
- En Shanghái, sumérgete en la atmósfera vibrante de The Bund, el histórico distrito comercial junto al río Huangpu, donde la arquitectura colonial convive con las mejores vistas del horizonte moderno de la ciudad.
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Itinerario
Tu viaje al detalle
Días 1-4
Pekín
Días 5-6
Xian
Días 7-8
Guilin
Días 9-12
Shanghái
Días 1-4: Pekín
Pekín, capital de China y epicentro de su historia imperial, conjuga lo ancestral con lo contemporáneo. Con más de tres mil años de historia y mil como capital, la ciudad se despliega como un mosaico cultural donde cada rincón revela el alma del país.
Tras la llegada por la mañana, se agradecerá un breve descanso en el hotel antes de comenzar las visitas. Durante la estancia, se recorrerán los lugares más emblemáticos de la ciudad, siempre acompañados por un guía privado que aportará contexto histórico y cultural a cada visita.
Los hutongs, callejones que serpentean entre casas tradicionales, ofrecen una mirada auténtica a la vida cotidiana. En la zona del lago Houhai se respira la calma de los barrios antiguos, y la Torre del Tambor conecta con el ritmo ancestral de Beijing.
El Templo del Cielo, rodeado de un parque donde los locales practican tai chi y cantan, refleja la armonía entre cielo y tierra. Desde allí se accede a la plaza de Tian’anmen y a la majestuosa Ciudad Prohibida, con más de 980 edificios que narran cinco siglos de historia. El Templo de los Lamas, de estilo tibetano, sorprende con su estatua de Maitreya tallada en madera de sándalo. La Zona Olímpica, con el Cubo de Agua y el Nido de Pájaro, muestra el Pekín moderno y vanguardista.
Una excursión a la Gran Muralla permitirá caminar entre torres de vigilancia y paisajes montañosos. Esta antigua fortificación, erigida y restaurada entre el siglo V a.C. y el siglo XVI, fue concebida para proteger la frontera norte del imperio chino frente a los ataques de los pueblos nómadas xiongnu, procedentes de Mongolia y Manchuria.
Finalmente, el Palacio de Verano, renovado por el emperador Qianlong en el siglo XVIII, ofrece un cierre sereno entre templos, colinas y el lago Kunming.
Días 5-6: Xian
Xian encierra el alma de la historia del país. Situada en el extremo oriental de la legendaria Ruta de la Seda, fue durante siglos un crisol de culturas, religiones y saberes.
La visita al Ejército de Terracota constituye uno de los momentos más impactantes del viaje. Declarada Patrimonio de la Humanidad, la Tumba Imperial de Qin Shihuang no solo es la primera de las tumbas imperiales de la historia china, sino también la más grande. Sin duda, es también la que más impresiona por la extraordinaria calidad artística y la exquisita sensibilidad de cada imagen que compone el conjunto. Miles de figuras de soldados, caballos y carros, todas de tamaño real y con rasgos únicos, fueron creadas para acompañar al primer emperador, Qin Shihuang, en su travesía hacia el más allá.
En el corazón del centro histórico, la Gran Pagoda del Ganso Salvaje, construida en el siglo VII, conserva los textos budistas traídos desde la India. Su arquitectura sobria y elegante refleja el profundo intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Muy cerca de allí, el barrio musulmán ofrece una experiencia auténtica: calles llenas de aromas, sonidos y colores, donde la comunidad hui ha preservado sus tradiciones durante siglos.
Entre puestos de comida, mezquitas y tiendas de artesanía, el viajero puede degustar especialidades locales como los pinchos de cordero o los dulces de sésamo, mientras se deja llevar por el ritmo vibrante de la vida cotidiana.
Días 7-8: Guilin
Guilin y Yangshuo forman uno de los paisajes más icónicos de China, donde la naturaleza se convierte en protagonista absoluta. El recorrido por esta región del sur del país se transforma en una experiencia sensorial y contemplativa.
La navegación por el río Li es el punto de partida: aguas serenas que reflejan montañas kársticas envueltas en niebla, pescadores con cormoranes, búfalos pastando y aldeas que conservan su ritmo pausado. El trayecto culmina en Yangshuo, un pueblo encantador que combina tradición y modernidad, rodeado de un entorno natural que invita al descubrimiento.
Explorar la zona en bicicleta o coche eléctrico permite recorrer caminos rurales entre arrozales, casas de piedra y colinas que se elevan como esculturas naturales. La conexión con la vida local es directa: se observa el trabajo agrícola, se saluda a los habitantes y se disfruta de miradores con vistas inolvidables.
Días 9-12: Shanghái
A nuestra llegada, un breve paseo permitirá comenzar a descubrir la ciudad y sumergirse en esa mezcla de rabioso futuro y pasado que siempre sorprende al visitante.
Al día siguiente, una visita guiada servirá para recorrer los puntos más emblemáticos y obtener una visión de conjunto. El barrio de Xintiandi, con sus lilongs transformados en espacios modernos, refleja a la perfección la fusión entre lo antiguo y lo nuevo. Cafés, galerías y tiendas conviven con la arquitectura tradicional, creando un ambiente vibrante y sofisticado.
El Templo del Buda de Jade, con sus delicadas estatuas traídas desde Birmania, ofrece un oasis espiritual en medio del dinamismo urbano. La serenidad del lugar contrasta con el ritmo acelerado de la ciudad, invitando a la contemplación.
El Bund, el famoso malecón que bordea el río Huangpu, permite contemplar uno de los contrastes más icónicos de Shanghái: los edificios coloniales frente a los rascacielos de Pudong, como la Torre de Shanghái o el Centro Financiero Mundial. Desde allí, se continúa por la calle Nanjing, arteria comercial vibrante que refleja el pulso moderno de la ciudad.
El Jardín Yuyuan transporta al viajero al refinado mundo de la dinastía Ming, con pabellones, estanques y puentes que evocan la estética clásica china. En sus alrededores, el bazar ofrece una experiencia más popular, con tiendas de artesanía y puestos de comida tradicional que despiertan los sentidos.
Por último, el barrio de Tianzifang, con sus callejuelas llenas de talleres de artistas y cafés con encanto, completa el recorrido con una nota creativa y bohemia.
El último día en la ciudad queda libre para que cada cual disponga del tiempo a su gusto: ir de compras, recorrer las principales calles a su propio ritmo o visitar aquellos rincones que quedaron pendientes en la visita anterior.
El día 11 del viaje se inicia el vuelo de regreso, con llegada a España prevista para el día 12.