Polinesia francesa: Moorea y Bora Bora
Tahití-Moorea-Bora Bora
Polinesia francesa: Moorea y Bora Bora
Tahití-Moorea-Bora Bora
A destacar
- Un viaje a la Polinesia Francesa que reúne una combinación de islas icónicas, paisajes volcánicos y lagunas de ensueño.
- Recorre Moorea en coche por la carretera de circunvalación, deteniéndote en miradores para contemplar el anfiteatro montañoso y las bahías de Cook y Opunohu.
- Explora la laguna de Moorea haciendo snorkel, nadando sobre jardines coralinos y observando rayas águila.
- Contempla el Monte Otemanu elevándose sobre una laguna de azules intensos, rodeada por motu de arena blanca y palmeras que representan el imaginario clásico de los mares del Sur.
- Disfruta de días tranquilos en Bora Bora, con tiempo libre para nadar en la laguna, practicar snorkel o kayak.
- Realiza una excursión en barco por la laguna, combinando puntos de coral con observación de rayas y tiburones de arrecife.
- Obtén una perspectiva diferente con un vuelo en helicóptero alrededor del Otemanu, que permite comprender la estructura natural de la isla —volcán, laguna y arrecife exterior— y ofrece vistas de gran amplitud.
O si prefieres, llámanos:
Itinerario
Tu viaje al detalle
Día 1
Tahití
Días 2-3
Moorea
Días 4-10
Bora Bora
Día 1: Tahití
El viaje comienza con un largo trayecto aéreo hasta Tahití, la puerta de entrada a la Polinesia Francesa. A la llegada, un traslado privado llevará al viajero directamente al hotel para descansar tras la jornada de vuelo.
Tahití es el corazón logístico y cultural del archipiélago. Aquí se encuentran los ritmos del mercado de Papeete, con el aroma de las vainillas y los tiarés recién cortados, y una convivencia natural entre la tradición polinesia y la herencia francesa presente en la gastronomía, el arte y los detalles cotidianos. Sin embargo, esta primera jornada no está pensada para descubrirlo todo, sino para una toma de contacto tranquila y gradual.
La recomendación para este día es sencilla: hidratarse, descansar y, si el cuerpo lo permite, realizar un paseo breve al atardecer por los alrededores del hotel. El clima templado y húmedo acompaña la llegada, mientras las olas marcan un ritmo constante y la luz del final del día dibuja la silueta de los motu (islotes) que más adelante conocerás con más calma.
Días 2-3: Moorea
El día comienza con el traslado al puerto para tomar el ferry hacia Moorea. A apenas 30–40 minutos de navegación, la isla revela un carácter completamente distinto al de Tahití: aquí desaparece la sensación de urbe y emerge una isla volcánica de perfiles afilados, bahías gemelas (Cook y Opunohu) y un interior cubierto de vegetación exuberante, con aroma a piña madura y flores.
Los días en Moorea son oficialmente libres, pero lejos de resultar anodinos. Es un destino perfecto para alquilar una bicicleta o un coche y recorrer la carretera de circunvalación, deteniéndose en miradores como el del Belvedere, desde el que se contempla el anfiteatro montañoso con las dos bahías a ambos lados, como una postal tridimensional.
Para quienes prefieren el mar, la laguna de Moorea ofrece un snorkel accesible desde la playa, con jardines coralinos y fauna habitual de la zona: rayas águila deslizándose en silencio y bancos de peces mariposa en tonos intensos. Quienes opten por la tierra encontrarán senderos de distintos niveles, desde paseos suaves entre plantaciones de piña hasta ascensos más técnicos por laderas volcánicas que recompensan con vistas amplias.
La cultura local se descubre en mercados y roulottes —los food trucks polinesios—, donde conviven el poisson cru, ceviches locales y guiños franceses, siempre acompañados de zumos de fruta frescos.
Días 4-10: Bora Bora
El cuarto día, se tomará un vuelo para llegar a Bora Bora. Para muchos, Bora Bora es la isla que habita en el imaginario de los mares del Sur: un antiguo volcán coronado por el Monte Otemanu, rodeado por una laguna de colores intensos y un anillo de motu que conforma un entorno ideal para el descanso y la contemplación.
Durante estos días, el plan es deliberadamente reposado. Las jornadas son libres para disfrutar de la laguna con calma, practicar snorkel o kayak, pasear por bancos de arena en marea baja y, si apetece, reservar una salida en barco que combine puntos de coral con encuentros responsables con rayas y tiburones de arrecife.
Pueden dedicarse unas horas a la isla principal: subir a miradores, visitar talleres artesanos o, si coincide, asistir a una cena polinesia con bailes tradicionales que narran historias de navegación y naturaleza.
De noche, el cielo suele regalar un espectáculo de estrellas que recuerda el legado de los grandes navegantes polinesios.
Al octavo día llegará el momento de poner rumbo a casa. Primero se tomará un vuelo a Papeete para conectar con el vuelo de regreso a España vía París. La llegada se produce el día 10 del viaje.